Reseñas de Roca Trade y Plaza Janés julio

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  • Periodico O.
  • 1 año ago

Querida señora Bird

Irresistiblemente divertida y profundamente conmovedora, Querida Señora Bird, de la autoría de A. J. Pearce, es una carta de amor al poder de la amistad, a la bondad con los extraños y al coraje de gente ordinaria en tiempos extraordinarios.

Bajo el sello de Roca Trade, esta novela se ubica en Londres, 1940, donde Emmeline Lake hace todo lo posible para implicarse en esta época de guerra en la que vive, ofreciéndose como operadora telefónica de los Servicios Auxiliares de Bomberos. Cuando Emmy ve una oferta de trabajo para el diario London Evening Chronicle, sus sueños de convertirse en corresponsal de guerra parecen ser de repente alcanzables. Pero el trabajo, finalmente, resulta para ser mecanógrafa para la reputada columnista de consejos feroces Henrietta Bird. Emmy está decepcionada, pero se da por vencida y acaba aceptando la situación.

La señora Bird es muy transparente y a su llegada ya le da una indicación muy clara: las cartas que contengan cualquier situación desagradable deben ir directamente a la basura. Pero cuando Emmy se encuentra que muchas de estas cartas son realmente conmovedoras y que provienen de mujeres que pueden haber ido demasiado lejos con los hombres equivocados, o que no pueden soportar ver cómo sus hijos son evacuados o enviados a la guerra, no puede resistirse a responder a cada una de ellas. Mientras los planes alemanes hacen sus redadas nocturnas y Londres recoge las piezas humeantes de sus edificios todas las mañanas, Emmy comienza a escribir en secreto a aquellos lectores que le han hecho llegar sus problemas.

Prepárate para enamorarte perdidamente de Emmy y de su mejor amiga, Bunty, que son valientes y enérgicas, incluso ante los terribles golpes. La incontenible Emmy sigue escribiendo cartas en esta hilarante y enormemente conmovedora historia de amistad, y sobre la bondad de los desconocidos y de la gente corriente en tiempos extraordinarios.

Mujeres que compran flores

Adictiva, divertida, romántica, honesta, Mujeres que compran flores es una emocionante novela bajo el sello de Plaza Janés y de la autoría de Vanessa Montfort, que se puede encontrar en versión impresa o en audiolibro narrado por Sofía García, y que habla sobre la amistad, una aventura cotidiana en busca de la independencia femenina, un épico viaje al centro de los sueños de la mujer contemporánea.

La historia inicia en un pequeño y céntrico barrio de la ciudad hay cinco mujeres que compran flores. Al principio ninguna lo hace para sí misma: una las compra para su amor secreto, otra para su despacho, la tercera para pintarlas, otra para sus clientas, la última… para un muerto. La última soy yo y ésta es mi historia.

Después de la pérdida de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomarán sus vidas.

Las mujeres que compran flores son: Marina, quien sufre el síndrome del copiloto: siempre ha dependido de que su pareja le marque el rumbo de su vida. Su flor es la violeta, que simboliza la humildad y la timidez, pero también la confianza en sí misma que debe ganarse.

Casandra, padece el síndrome de la superwoman: antes que depender de nadie se aplicaría la eutanasia activa. Prioriza su éxito profesional sobre su vida personal, en el caso de tenerla. Su flor es la orquídea azul, símbolo del relax que le falta.

Gala, representa el síndrome de Galatea: cree firmemente que la mujer tiene hoy todos los derechos. Todos salvo el de envejecer. Su flor es el lirio blanco, símbolo de una coquetería que no se marchita hasta morir.

Aurora, encarna el síndrome de la bella sufriente: confunde el amor con la obsesión. Es decir, cuanto más dolor más enamorada se siente. Su flor es la caléndula, la flor de la pena. Pero también es símbolo de la crueldad que no se atreve a devolver, ni siquiera en pequeñas dosis, para defenderse.

Victoria, una de esas mujeres que han decidido poder con todo -la mejor madre, la mejor trabajadora, la mejor hija-, o dicho de otro modo, las que tienen el síndrome de la omnipotente. Su flor es la del membrillo, la flor de la tentación. La tentación de romper con todo y liberarse.

Por Blanca Macías

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